miércoles, septiembre 20, 2006

Reflexión (La Universidad del Fracaso)

A raíz de un post super interesante de mi amigo Raff (www.rafael-vargas.blogspot.com) encontré oportuno este texto que me llegó por mail. Lo comparto:
Una experiencia que tuve en la universidad, junto con la forma que reaccioné a ella, es típica de lo que muchos estudiantes enfrentan.
El primer día de mi primer año en la universidad, el profesor entró a la clase de historia de las civilizaciones y con energía, dijo: «La mitad de ustedes no aprobará esta clase».
¿Cuál fue mi primera reacción? ¡Miedo! Hasta entonces, nunca había tenido un fracaso en mis estudios. Y no quería empezar ahora, de manera que la primera pregunta que me hice fue: «¿Qué querrá el profesor?»
La universidad se transformó en un juego que yo quería ganar. Recuerdo que una vez memoricé ochenta y tres fechas para un examen porque mi profesor creía que si se podían citar fechas era porque la materia se dominaba. Conseguí una A en ese examen, pero tres días más tarde, había olvidado toda la información.
Me las arreglé para evitar el fracaso que temía, pero en realidad no logré nada.
¿Qué es un fracaso?
Cuando era niño, yo creía que era un porcentaje. Menos de sesenta y nueve significaba fracaso. Setenta para arriba significaba éxito. Ese pensamiento no me ayudó.
El fracaso no es un porcentaje ni un examen. No es un hecho aislado. Es un proceso.
No estaba preparado para el fracaso.
Cuando me gradué de la universidad, lo hice entre el cinco por ciento mejor de la clase. Pero eso no quería decir nada. Había jugado con éxito el juego de la escuela y había absorbido un montón de información. Pero no estaba preparado para lo que me esperaba más adelante.(Tomado de: Maxwell, John C.: El Lado Positivo Del Fracaso. Thomas Nelson, Inc., 2000).
Seamos prácticos en la vida, con sus altas y sus bajas.

1 comentario:

Rafael Vargas dijo...

Te digo... 'toy figuriando :)

Aunque corto, ese texto dice mucho de lo que los profesores no piensan al momento de enseñar: no es miedo, es enseñanza. La calidad de un profesor no se mide en base a cúantos estudiantes se queman o pasan, sino en base a cuántos aprenden.