Domingo 12 de noviembre: Empezamos el dia con tremenda pataleta de Sebastián para despertarse. Hoy tenía más sueño que nunca. A las 9 de la mañana fue a buscarnos Pedro (el esposo de mi amiga Arleene) quien gentilmente se ofreció a llevarnos al aeropuerto. Poco antes de las 10 llegamos al mar de gente que había en todos lados de ese aeropuerto, una verdadera locura. Empezamos con una fila hasta casi las 12 del mediodia, hora en la que finalmente nos pudimos chequear. Para variar al llegar nuestro turno Sebastián estaba en el baño (debidamente auxiliado por mi amiga Rosa que nos fue a llevar una suculenta sorpresa de dulces de Cinnabon lugar donde ella trabaja en el mismo aeropuerto) y la oficial de la aerolínea necesitaba verlo en persona para poder chequearlo, tremendo antojo. Luego resulta que una maleta de mi cuñada y otra de mi hermano estaban con algunas libras de más y tuvimos que hacer un arreglo rápido para equilibrarlas. Finalmente Sebastián llegó y nos dieron nuestros tickets de embarque.
De ahí nos fuimos a la fila de Migración donde un oficial vio de lejos que yo llevaba en una bolsita una botella plástica de Dr. Pepper sin abrir y me pidió botarla, cosa que tuve que hacer luego de darme par de sorbos así caliente como estaba. !Qué quille! Yo loca por mi bebida para el avión con los dulcitos de canela que tenía a mano. Por suerte esta vez Sebastián fue bien colaborador y solito empezó a soltarse el abrigo, la correa y los tennis para pasar por rayos X. La fila, aunque larga, avanzó bastante rápido así que finalmente pudimos abordar nuestro avión rumbo a la ciudad de los apagones.
En todo el vuelo Sebastián estuvo feliz porque estaba sentado en ventana y disfrutada a más no poder del panorama. Habló más que un perico, tanto que apenas pude leer algunas páginas de unas revistas que llevé. Me preguntaba por qué las nubes no se movían, que si era que el piloto iba al pasito, que por qué se ve el mar allá lejos, y cuando enfilamos a punto de aterrizar en el aeropuerto de Las Américas tuvo la ocurrencia de preguntarme, ante la cercanía del agua, que si ahí había ¨tiGurones¨ porque no los veía...!Santo Dios, qué ocurrencia!
Llegamos a Santo Domingo luego de un vuelo tranquilo, retiramos nuestro equipaje sin problemas y fuimos recibidos por mis padres que estaban super emocionados con la idea de ver la cara emocionada de Sebastián y escuchar sus comentarios. Claro, en ese momento ni Rosa, ni Michael ni yo fuimos relevantes, el nieto y sus aventuras ante su primer viaje era lo que importaba.
Así que nuestro viaje de vacaciones en la ciudad del Sol finalizó. A Dios siempre gracias por permitirnos esta oportunidad que nunca se nos había dado de pasear con Sebastián y Rosa fuera del país, y a nuestros anfitriones mil gracias por su hospitalidad. Todos lo disfrutamos mucho y si no hicimos más fue por falta de $$.

2 comentarios:
sniff sniff... hoy es que vengo a terminar de leer tu resumen. Y yo que acabo de llegar y ya me quiero ir.
De verdad que no me hacen falta ni los choferes de carro público ni de guaguas y menos los apagones!
Pero nada, back to reality. Algún día coordinaremos un viajecito juntos.
Diache Raff, siiiiiii, hay que darle forma ($$$) a un viajecito juntos. jejeje
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